Estrenada en la Sala Larratxo de Donostia el 6 de Octubre de 2016.

Producción de Vaivén.

Idea original, título y argumento, de Ana Pimenta y Fernando Bernués.

Dramaturgia, Patxo Telleria

Dirección, Mireia Gabilondo

Escenografía, Fernando Bernúes

Música, Iñaki Salvador.

Intérpretes: Alfonso Torregrosa (José Ramón Soroiz en la versión en euskera), Maiken Beitia, Eneko Sagardoy, Gorka Martín, Jon Casamayor, Kepa Errasti, Mikel Laskurain, Nerea Elizalde y Tania Fornieles

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La dramaturgia de “Último tren a Treblinka” tiene una intensidad dramática cuyo mérito, casi en su totalidad, lo tienen aquellos seres humanos, con el doctor Korzak y la doctora Stefa a la cabeza, que protagonizaron, a su pesar, aquella epopeya humana, en aquel tiempo de demonios que sólo desde la ingenuidad se puede pensar que jamás se volverá a repetir.

Lo tienen también Ana Pimenta, de Vaivén, impulsora del proyecto, Fernando Bernués, que con su propuesta escénica ya sentaba las bases de la dramaturgia, y Mireia Gabilondo, que dirigió el montaje con su exquisita sensibilidad. Y los actores, claro.

La propuesta escénica a la que me he referido suponía involucrar directamente a los espectadores en la situación. Éstos cumplían un rol en la propia función, eran niños del orfelinato que dirigían Korzak y Stefa. El espacio escénico era el pabellón del orfanato en pleno gueto de Varsovia , a la vez dormitorio, comedor, patio de recreo… Los espectadores se acomodaban en las literas que les correspondían como huérfanos de esa institución. Los personajes de la función actuaban entre, detrás, delante, debajo o encima de ellos.

Un planteamiento escenográfico de ese tipo exigía una dramaturgia eminentemente climática. La acción narra las últimas horas del orfanato, antes de que todos sus ocupantes fuesen trasladados a Treblinka.

Condensé en esos noventa minutos una buena parte del pensamiento de Korzak y de sus prácticas pedagógicas. No olvidemos que fue precursor de muchos de los conceptos hoy en día universalmente aceptados (en teoría al menos) sobre los derechos de la infancia.

Toda la dramaturgia se basa en un laborioso trabajo de documentación. Los hechos que se narran tienen una poderosa base histórica, aunque el hecho de colocarlos todos en aquella fatídica última hora es, claro, una licencia teatral.

Me propuse además, en esa línea de respeto a la verdad histórica, que todo lo que dijese nuestro Korzak de ficción fuesen palabras que el propio Korzak hubiese dicho o escrito alguna vez en su vida. Así como en los demás personajes me permití cierta libertad para la reescritura, con Korzak fui estricto en el cumplimiento de esa premisa.

Fue una suerte recibir el encargo de escribir esta dramaturgia. Pocas veces se encuentra un material dramático y humano de esta dimensión.

Esta producción sigue en gira, hasta al menos 2019.

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