Torito Bravo (1997)

Estreno: Teatro Arriaga. 3 de Enero de 1997

Producción: Txirene Producciones

Ficha artística:  Autoría: Patxo Tellería, basado en una idea de Aitor mazo. Dirección: Lander Iglesias. Escenografía: Carlos Pérez. Vestuario: Nati Ortiz de Zárate. Música: Jaume Sisa. Intérpretes: Aitor Mazo y Patxo Tellería.

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En cada recuerdo sobre “Torito Bravo”, y tengo muchos, está presente Aitor Mazo.

Fue él quien me propuso escribir este texto partiendo de una idea suya. Sucedió durante la gira de “Mefisto”, una producción de ARTESCENA (compañía auspiciada por la Diputación de Gipuzkoa, en lo que fue un intento de embrión de Compañía Nacional Vasca lamentablemente nonata) en la que los dos trabajábamos como actores.

Aitor y yo habíamos compartido nuestros primeros pasos escénicos en Maskarada. Yo entré algunos meses antes que él. Se incorporó al elenco de “Pistolaren Begi Zuri Beltzak” (en la que yo había debutado como actor en el teatro Campos) una vez estrenada. Después vinieron “Gaztibeltzaren karabinak”, “Ezagutu Bizkaia”, “Harrizko Aresti Hau”, y “Gernika 16:30 H.S,O.”

Luego Aitor dejó Maskarada. Yo me quedé y nuestros caminos se separaron.   Nos volvimos a encontrar, precisamente cuando yo acababa de dejar también Maskarada, en “Mefisto”.

En los viajes de ida y vuelta a Urnieta, donde ensayábamos, fuimos poco a poco madurando la idea.

Yo había hecho mis pinitos como dramaturgo, pero aún no había afrontado el reto de escribir un texto de principio a fin. Y estaba deseando hacerlo. Abordé el proyecto con el entusiasmo del neófito.

Pensé que el texto debía rezumar tauromaquia por todos los poros, y así, a pesar de carecer de cultura taurina, me metí en vena el “Cossío”, la enciclopedia taurina por excelencia.

Yo escribía y luego compartía mis avances con Aitor, que matizaba y daba puntos de vista para la reescritura. Y así, poco a poco, a “fuego lento”, como nos gustaba explicar en las ruedas de prensa, fuimos dando forma al texto.

La producción , dirigida por Lander Iglesias, contó con el apoyo del teatro Arriaga, donde aún estaba su primer Director Artístico de la era moderna: Luis Iturri, que por cierto, fue quien propuso el título. Esa fue, creo, la única concesión que hicimos a los productores.

Cualquiera que nos haya conocido podrá ver, sin hacer demasiado esfuerzo, que hay mucho de Aitor en “Percatao” y mucho de Patxo en “Lunero”. Creamos a los personajes como un traje a medida para nosotros dos. Salvando las distancias.

Esta historia es eminentemente anti-taurina (de hecho, Matías Prat padre rechazó amablemente nuestra propuesta de grabar la voz en off del final que narra la trágica muerte de Lunero, porque no quería recibir reproches del mundo de los toros) pero escrita desde dentro, desde la tauromaquia. De ahí su aparente ambigüedad. La misma ambigüedad que demuestra el propio Percatao, que odia la fiesta y los toreros, y que enseña a Lunero la manera de librarse de esa condena a muerte, pero que en plena demostración de cómo afrontar una verónica, experimenta una escandalosa y muy poco correcta emoción artística.

La gira de Torito Bravo por toda la geografía de España fue larga, exitosa y feliz. Exuberante. Invertimos casi todos los beneficios en buena comida y mejor vino. Cuando cerramos la gira, nuestros bolsillos estaban vacíos, y nuestra memoria llena de felices recuerdos.

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