Euskara sencilloaren manifiestoa-Dibertimenduak I (2003)

Egilea: Patxo Telleria

Ekoizpena: Ez Dok Hiru

Antzezleak: Patxo Telleria, Mikel Martinez

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Ikuskizun honekin, guk artean ez genekien arren, eman genion hasiera «Ez Dok Hiru»-ren ibilbideari.  Aurreistoria bat dago, noski, “Kontenedore baten Istorioak”, «Monstruo Sakratuak», «Marxkarada»…
«Euskera sencilloaren manifiestoa» horren ondorioa da, eta bere estiloa, aurrekoen garapen bat da, aurrekoak, gure eredu ziren maisuen (Marx, Ionesco, Tip eta Coll…) garapena zen era berean.  Baina aurrekoen aldean, aldaketa nabarmen bat nozitu genuen. Hasteko, eta hau da Ez Dok Hiruren ezaugarririk nabarmena, euskera hartu genuen ardatz bezela. Ez bakarrik euskera zelako erabiltzen genuen hizkuntza. Haratago joan ginen. Euskera zen gaia, lanabesa.  Hizkuntzarekin jolasteko sortu zen proiektu hau. Bestetik, aurrekoen umorea absurdoa eta ondorioz abstraktua bazen, oraingoa errealitate jakin bati egiten zion erreferentzia, hain zuzen ere, euskara eta euskal kulturari, oro har. Horrek publikoarekiko enpatia berezi bat sorrarazten zuen.  Sintonia berean geunden ikusleak eta antzezleak.  Esan gabe doa, horrek ondorio bat ekarri duela ezinbestean: ezinezkoa da «Ez Dok Hiru» zigilupean egin ditugun antzezlanak beste edozein hizkuntzatara itzuli.   Euskera eta euskal kulturaz aparte, «Ez Dok Hiru»-k estilo propio  bat sortu dute ia oharkabean, iturri askotatik edaten duena baina bere berezko kaligrafia duena: aktore bion elkarrizketetan oinarritzen da, berbaldi motz eta pikatuak, azkarrak, eroak.  Ez dago farsarik, ez dugu pertsonairik sortzen, eskenan, Mikel eta Patxo gara, kaletik daramagun motxilarekin. Eskenatokian, gainera, hala deitzen diogu elkarri: Mikel eta Patxo.

¿Es posible crear un espectáculo sin saber que lo estás creando? Sí, es posible. De hecho, esta obra es una prueba.

En los orígenes está una propuesta de Korrika Kultural a Tentazioa para montar un espectáculo de monólogos con algunos de los actores más conocidos de la escena del momento. Por cierto, esos monólogos (que también escribí yo) están en esta misma web, en la carpeta “Teatro Breve”, con el título de “Korrikarako Monologoak”.

De la dirección-coordinación de ese espectáculo se encargó Eneko Olasagasti, que nos propuso a Mikel y a mí ejercer como maestros de ceremonia del espectáculo.   La idea era crear dos personajes que representarían breves sketch teatrales que darían paso a los monoliguistas.

Creé los personajes partiendo de nuestra propia realidad (somos euskaldunberris de Bilbao) y jugué con una ironía que sabía que contaría con la complicidad de buena parte de los espectadores de aquel espectáculo auspiciado por AEK: éramos dos eternos alumnos de euskaltegi que habíamos dejado media vida intentando inútilmente alcanzar el codiciado título de EGA, que en aquellos tiempos era el título oficial que certificaba tu condición de euskaldun a nivel burocrático.

Aquel espectáculo tuvo muy buena acogida, y aunque esté feo decirlo, nuestras presentaciones cayeron de pie. Habíamos acertado de pleno con esos arquetipos desquiciados, absurdos y simpáticos. Contamos desde el primer instante con la entusiasta complicidad de muchos euskaldunes (no sólo de los euskaldunberris) que se veían reflejados en las situaciones que planteábamos.

La gira de la Korrika Kultural acabó, y aquellos personajes tenían comprado su billete al cajón o la papelera, cuando Santiago Burutxaga nos llamó para preguntarnos si no tendríamos un espectáculo de pequeño formato de más o menos una hora de duración, para ofrecerlo en una fiesta cultural organizada por el Hikateneo, en donde él colaboraba como dinamizador. Íbamos a decirle que no teníamos nada, cuando se nos ocurrió utilizar aquellos sketch de la Korrika, dándoles continuidad y un mínimo hilo narrativo, para que funcionasen como espectáculo autónomo.

Y así, una semana después, nos presentamos en aquella sala de Atxuri con un carrito de la compra en el que llevábamos el vestuario, atrezzo y escenografía de ese nuevo espectáculo, que de momento no tenía ni nombre.

Aquello funcionó muy bien. Santi, y su compañera Leo Bilbao auguraron un venturoso futuro para aquel espectáculo, que si no recuerdo mal ese mismo día decidimos que se llamaría “Euskera Sencilloaren Manifiestoa”.

No fallaron en su predicción. Hicimos bolos de “E.S.M.” hasta hartarnos… Mejor dicho, hasta que lo sustituimos por el nuevo espectáculo: “Larruaizetara”.   Tuvimos que improvisar un sello teatral que diera nombre a la pareja artística. Salieron dos propuestas: “Bikoteatro” y “Ez Dok Hiru”. Como los dos nos gustaban, se nos ocurrió la nefasta idea de usar los dos, esto es, “Ez Dok Hiru Bikoteatroa”. Poco después se impuso la sensatez y decidimos simplificarlo, quedándonos en “Ez Dok Hiru”.

Euskera Sencilloaren Manifiestoa fue la primera piedra de un lenguaje teatral y de una manera de estar en el escenario que hemos ido puliendo a lo largo de los años en los trabajos que hemos firmado con el sello “Ez Dok Hiru”. Un lenguaje en el que se pueden distinguir trazas de nuestros trabajos anteriores. Aquí también trabajábamos la fórmula del sketch, con escenas sustentadas   fundamentalmente en la palabra, en el texto, con algo del absurdo de Dubillard y de la locura de Groucho.   Pero había diferencias sustanciales. En “Ez Dok Hiru” el euskera era una herramienta de trabajo, era una arcilla que moldeábamos, deformándola, desubicándola, para recrearlo a nuestra imagen y semejanza. El humor seguía teniendo un aire absurdo, pero a diferencia de Dubillard ( y de los maestros que éste tuvo) nuestro absurdo era referencial, concreto, lo que nos permitía una complicidad y cercanía con el público difícil de alcanzar con absurdos más abstractos. No había personajes, en escena estábamos Mikel y yo, y de hecho así nos llamábamos. Nos hemos llamado así en todos los espectáculos de “Ez Dok Hiru” hasta el último (“Ez dok hiru- Euskal Musikaren benetako istorioa”) en el que hemos ascendido de categoría para llamarnos “Telleria Doktorea” y “Martinez Doktorea”. Sin saberlo, estábamos haciendo algo que luego se ha puesto muy de moda: autoficción.

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