Marxkarada (1990)

Estreinaldia: Gasteizko XV. Antzerki Jaialdian 1990ko urriaren 8an.

Dramaturgia: Patxo Telleria eta Carlos Panera, “GROUCHO & CHICO ABOGADOS: FLYWHEEL, SHYSTER Y FLYWHEEL.” liburutik eta Marx Anaien hainbat pelikuletako materialeekin osatua.

Aktore-aktoresak:
FLYWHEEL: Patxo Telleria
RAVELLI: Mikel Martinez
ASTOLFI: Inazio Tolosa
RUBY (Etxejabea, Atsoa, Kazetaria): Marife Berrojalbiz

Zuzendaritza: Karlos Panera
Eskenografia: Luis Alonso
Ekoizpena: Maskarada Antzerki Taldea.

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MARX anaien irudia burura etorri ahala, zeluloidearena ere azaltzen zaigu. Guregana, Marx Anaiak, zinemaren formatoan iritsi dira, ezinbestean.  

Ez da pertsonaia hauen historian gehiegi sakondu behar, dena dela, heuren jatorria, eskola eta, hainbat urtetan, bizibidea, teatroa izan zela jakiteko.  

Munduan izan diren «clown» guztien antzera, Groucho, Chico eta Harpok teatroan sorturiko pertsonaia bana eratu, landu eta bizitza osoan zehar zorroztu zuten. «Clown» kontzeptua izan zen Maskaradak, Marx-tarren umore bereziaz jabetzeko erabili zuena.  

Groucho eta Chico-k, NBCrako 1932 urtean idatzi eta antzeztu zituzten irrati gidoiak, guregana «Groucho y Chico Abogados»; izeneko liburuan bildurik iritsi zirenak, izan ziren antzezlanaren oinarria, zenbait pelikula eta Groucho-ren liburuen pasarteren bat ere erabili genituen arren.  

Este texto fue mi primer balbuceo como dramaturgo. Durante un tiempo buceé en los textos de Groucho (y sus colaboradores); guiones de cine, claro, pero sobre todo, el recopilatorio de diálogos radiofónicos titulado “Flywheel, Shyster and Flywheel”, que aunque lleva el sello inconfundible de los Marx, es una creación de Nat Perrin, Arthur Sheekman y George Oppenheimer.

Mi labor como dramaturgo fue fundamentalmente seleccionar y adaptar entre el material original aquello que necesitábamos para la línea argumental que en los ensayos íbamos perfilando, a base de improvisaciones y de ensayo y error. Una vez decidido qué queríamos contar en cada escena, yo repasaba el material marxiano y elegía las situaciones, escenas o párrafos que se adaptaban a nuestras exigencias, y allá donde no encontraba material original, creaba yo uno nuevo, con el mismo cuidado que un restaurador restaña los estropicios que el tiempo causa en el lienzo, tratando de que no se distingan del original.

Recuerdo la habitación en la que escribí aquel texto, en una casa del Casco Viejo en donde me dieron refugio. Recuerdo la máquina de escribir (aún no conocíamos los ordenadores). Una Olivetti semi automática, que permitía corregir una frase entera antes de apretar la tecla que ordenaba a los tipos untados en tinta imprimir sin remedio el papel… ¡Todo un adelanto de la ciencia!

Este texto debe más a Groucho y Cía. que a mí, evidentemente, pero he decidido incluirlo en esta colección, por su carácter inaugural, y porque siempre he querido pensar (equivocadamente, sin duda) que algo de la caligrafía loca y surrealista de los Marx se me quedó insertado en alguna parte de mi sistema neurovegetativo, de tal manera que de vez en cuando, y sin querer, surgen chispas de inventiva insospechadas.

Marxkarada estuvo en cartelera cerca de dos años. No sería capaz de decir cuántas funciones representamos, pero recuerdo que tuvo un razonable éxito.

Hicimos una versión en castellano (lamentablemente no he podido encontrar el texto) con la que giramos por diversas comunidades del estado. Esto supuso una novedad para un grupo que creaba y (hasta entonces) actuaba sólo en euskera.

El éxito de esta obra supuso un cierto alivio, pues Maskarada acababa de atravesar un desierto económico y productivo, después del desgaste que supuso la puesta en escena de “Harrizko Aresti Hau”, un macro proyecto con siete actores y el grupo Oskorri en escena, audiovisuales (una auténtica innovación para la época), y gran aparato escénico y lumínico, y que llevamos adelante sin contar con subvención de ningún tipo. Un montaje que nos rentó una notable satisfacción artística, y un descalabro financiero del que Maskarada nunca pudo reponerse del todo. De hecho, en el lapso entre “Harrizko Aresti Hau” y “Marxkarada” dejaron la compañía miembros tan significativos como Aitor Mazo, Imanol Agirre y Pello Gutiérrez.

Tan solo quedamos como actores Mikel Martinez y yo. Para levantar Marxkarada contamos con la participación de Marife Berrojálviz e Inaxio Tolosa, que ya habían colaborado con nosotros en “Gaztibeltzaren Karabinak”.

En el espectáculo (fieles al estilo Marx) hacíamos música en directo. Inaxio (Harpo) tocaba el clarinete; Mikel (Chico) la cítara de acordes o autoharp. Yo (Groucho), el piano.

Fue la primera vez (no lo he hecho en demasiadas ocasiones) que tuve la osadía de tocar el piano en público. Ahora, veinticinco años más tarde, lo toco un poco menos mal que entonces, y así y todo me infunde mucho respeto. Afortunadamente, la pericia musical de Inaxio Tolosa disimulaba mis frecuentes tropezones.

Recuerdo esa época con cariño. Fueron tiempos de cambio en lo personal. Como actor creo que supuso también un cierto punto de giro. Y sobre todo fue mi primera incursión en el oficio que más he amado desde entonces: escribir.

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