Kontenedore baten istorioak-Historias de un contenedor (2002)

Estrenaldia:  2002eko Urtarrilak 16, Basauriko Sozial Antzokian

Egilea: Patxo Telleria

Produkzioa: Maskarada

Antzezleak: Mikel Martinez, Patxo Telleria

Zuzendaritza: Aitor Mazo, Jokin Oregi

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“ Zergatik dago gizakumerik munduan? Norbaitek egin behar zuelako zaborra.”  THEODOR ZAKAR 

“Gu sortu ginen zabor beretik, sortuko dira besteak.”  LIONEL ZABOR

Ilunabarra edozein hiriko kale bazter batean; berton, zaborrez beteriko kontenedore bi. Zaramaren artean Theodor Zakar eta Lionel Zabor,  hondakin parea,  errausketa plantara eramango dituen kamioiaren zain daude.

Lionelek zaborra izatearen uste osoa du, eta beraz, lasai onartu du bere patua. Ondo zimelduta iristea da bere kezka bakarra.

Theodorrek ez dauka bere kidearen eroapena. Berarentzat itxaronaldia luze eta astuna da, eta egonezina arindu alde, gizakumeen jokabide ergel, xelebre edota zekenak plazaratzea proposatzen du, frogatu nahiean zaborra gizakumea baino pausu bat haratago doala eboluzioan. “Zergatik dago gizakumerik munduan? Norbaitek egin behar zuelako zaborra.”

Lionelen hasierako errezeloak gainditurik, istorioak kontatzeari ekingo diote, beti ere ikuspuntu kontrajarriak erakutsiz, izan ere Lionel eta Theodor arras desberdinak bait dira hala izakeraz nola pentsamoldez: “Erosle konpultsiboa”; “Forofo neurrigabekoa”; “Ejekutibo damutua”; “Artista ulergaitz ez-ulertua”;  “Politiko buldozerra”; “Senetik ateratako munduko hiritarra”; “Lanpostu trafikatzailea”…

Egoera ezberdinak taularatzeko, kontenedoreetan aurkituko duten zaborraz baliatuko dira. Kontenedoreak datu-base ezin hobea baita gizasemeen jokamoldeak aztertzeko. “Gizajendeak ordenadoreak ditu, guk kontenedoreak. Bentaja horrekin jokatzen dugu.”

Istorioak kontatzen dituzten heinean, pertsonaiak, oharkabean,  bilakatzen hasiko dira, euren buruak berraurkitzen, euren galdutako oroimena berreskuratzen. Azkenean Lionel eta Theodor kontuan eroriko dira, alegia, hiriak zabortegira jaurtiriko  gizajoak besterik ez direla, ezertarako gauza ez ziren aitzakian, inoiz pertsona izan zirenik ere ahazteraino iritsi direnak.

Baina kamioia berton dago jada, eta azkeneko erabakia hartzeko unea da: baztertu zituen hirira bueltatu ala amore eman. Azkenean, edozein komediatan lez, ironia nagusitu egingo da.

 

Yo llevaba un tiempo fuera de Maskarada, pero me llamaron para participar como actor y co-autor, en un proyecto aún difuso, que tendría como leit motiv la “estupidez”.

Con esa premisa comencé a escribir bocetos de escenas, diálogos y situaciones. Durante varios meses, tuvimos largas y sesudas sesiones de trabajo de mesa,  que finalmente no llegaron a buen puerto.  Decidí retirarme del  Seis meses más tarde, Mikel Martínez, que aún continuaba en la compañía, me llamó por teléfono para decirme que el proyecto seguía atascado, y para pedirme que me reincorporara.

Lo hice, a condición de tener cierta libertad para decidir el equipo de trabajo.  Lo formamos Mikel Martínez, Jokin Oregi, que había entrado en la órbita de Maskarada con “La importancia de llamarse Ernesto” y desde entonces había participado en varios proyectos de la compañía como actor y dramaturgo, y yo mismo. Esta obra marcó el final del recorrido Jokin y Mikel en Maskarada.  Como toda salida, esta no estuvo exenta de tensión.

Han pasado muchos años desde entonces y esas tensiones están olvidadas. El tiempo es un bálsamo que sana casi todo. En la memoria quedan las risas y los buenos trabajos, que los hubo. Cada año nos juntamos en una sidrería de Gipuzkoa viejos miembros de la compañía, bebemos, cantamos y reímos recordando una época en la que hicimos historia.

Volviendo a “Historias de un Contenedor”, teníamos poco tiempo y poco dinero para montar la obra. Afortunadamente, tenía mucho material escrito (de aquellas infructuosas sesiones de trabajo de mesa) y tardé relativamente poco tiempo (tampoco disponía de mucho) en escribir lo que sería el texto de “Historias de Un contenedor”.

Se lo envié a Mikel y recuerdo perfectamente su comentario: “Con este texto me atrevo a subirme a un escenario”. No es un elogio mayúsculo, pero teniendo en cuenta que Mikel es de los que piensa que “el halago debilita”, podía tomarlo como una efusiva aprobación.

Nada más empezar la producción Jokin tuvo que abandonar el proyecto, por un compromiso laboral en Madrid, y llamamos, precisamente, a otro antiguo miembro de Maskarada, y compañero de andanzas “txirenes”, Aitor Mazo.

Nos cedieron para montar la obra lo que hoy en día es Bilbaoeszena, en Santutxu, y que entonces no era más que un viejo edificio industrial abandonado, sucio, polvoriento, húmedo y frío. Ensayamos desde mediados de Noviembre hasta fin de año.

Recuerdo a Aitor en aquel sótano ingrato, pegado a una estufa eléctrica que intentaba en vano caldear algo el ambiente. Una semana antes del estreno cogí lo que pensaba que era un constipado. Tosía cada vez más. Y tenía fiebre.  En una comida familiar, mi cuñado, neumólogo, me comentó que eso tenía pinta de neumonía. Y me recomendó guardar cama. Ja, ja.

El día del estreno tenía cerca de cuarenta grados de fiebre, tiritaba y tosía de manera descontrolada. Afortunadamente, aquello no le iba del todo mal al personaje lumpen que interpretaba. De aquella actuación recuerdo el tacto metálico extremadamente frío del contenedor en el que pasaba buena parte del espectáculo. Lo demás es sólo nebulosa. Sé que aguanté hasta el final, porque hubo aplausos. Sé que no lo debí (lo debimos) de hacer mal, porque la función gustó.

Media hora después del final estaba en mi cama, tiritando. Mi cuñado había acertado, tenía una fuerte neumonía. Tardé mucho tiempo en recuperarme. Los primeros días de cama los pasé entre inquietos y febriles sueños en los que se mezclaban los olores del sótano de Santutxu y de la vieja ropa de los personajes, frases de la obra que mi cerebro repetía automática y tortuosamente, y una sensación casi física, un sabor en la boca que podría decir que era de fracaso, si es que el fracaso sabe a algo.

Afortunadamente, esa sensación la provocaba mi lamentable estado físico. En realidad la obra tuvo una buena acogida. A día de hoy sigue habiendo fans incondicionales de aquella función, que fue elegida “Espectáculo Revelación” para representar a Euskadi en los premios Max.

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