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Un abecedario para aitor mazo

UN ABECEDARIO PARA AITOR

Abro el libro y veo la A de Aitor, de Actor, de Artista. Y recuerdo nuestros primeros años balbuceando (yo más, él estaba más hecho, nació actor) nuestras primeras palabras sobre el escenario. Paso página, y con la B le recuerdo Bravo, Bestial, Bramante, pura energía, tan desbordante que pronto nuestro horizonte se le hizo estrecho y nos dejó.   Con la C hacemos juntos un larguísimo viaje, porque al cabo de unos años volvemos a juntarnos y somos Compañeros, Colegas, Codirectores, Coguionistas, sabemos entendernos, nosotros dos, tan distintos. Paso a la D y pienso en Aitor Dibujante, boli en mano (siempre a boli) llenando de personajes increíbles manteles, servilletas de papel, guiones o facturas. El imborrable recuerdo de un story-board dibujado prolijamente a bolígrafo en un pliego de quince metros de largo, excesivo, talentoso, hermoso, impracticable, admirable… Y no quiero irme de la D sin decir Dandi, porque sí. Paso a la E que me recuerda a ese ser Exuberante y Extremo,  pero a la E le sigue la F, su otra cara, el hombre Frágil. Frágil y Feroz a la vez. Feroz y Frágil. La G me pone ante los ojos su contundencia física, es Grande, y su incontenible vis cómica, es Ganso, lo que me conduce directamente a la H de Hilarante. Pero no me voy de esta huidiza letra casi invisible sin traer una palabra que si no existiese la inventaría sólo para él: Huracán. Y ese viento me empuja a la I de Iracundo, pero doy un giro en mis recuerdos para ver la otra cara de esa luna, a ese ser Ingenuo. Con la J sólo, ja, ja, puedo recordar, ja, ja, los cientos, miles de veces, ja,ja, disculpen, no puedo parar, ja, ja, ja…  Dejo de lado la K porque no quiero hablar de Kilos, ni los que le sobraban en la cintura ni los que le faltaban en la cartera, y paso con cierta prisa por la L, no porque falten palabras, que Lúcido, Listo y Largo encajarían bien, sino porque quiero llegar a la M de Mazo, con ese apellido está dicho casi todo.

Y de una tacada me sirvo de tres letras la M, la N y la P,  para recordar nuestra primera película juntos, la Máquina de Pintar Nubes, una historia que es historia de nuestra vida. De la Q no necesito nada, sino es para preguntarle ¿Qué tal estás, eres feliz en ese otro lado? Y paso Rápido por la R de Rojo y de Rabioso, y por la S de Sanguíneo para llegar a la T de Torito Bravo, y aquí me quedo un rato recordando aquella obra teatral que nos unió para siempre, sangre de nuestra sangre, sudor de nuestro sudor, porque creo que siempre te recordaré con ese traje negro de torero con tripa postiza, esa diadema con dos cuernos torcidos y gastados, y esas dos pelotas de pala en funda de calcetín colgando en la entrepierna. Puede parecerle una figura grotesca a cualquiera que no tuviese la suerte de ver la grandeza y dignidad de ese hombre toro, de Percatao. Me voy a la U para decir una obviedad necesaria, que Aitor es Único, y de la V me quedo con el Vino, su (nuestra) droga favorita, cuya ingesta a veces desaforada, cuando no nos llevaba a la absoluta confusión, nos abría puertas a una extraña y feliz lucidez. Con la X tacharía, si pudiese, su último día, teníamos aún tantas cosas por hacer. La Y copulativa me enlaza a la Z, para volverle a preguntar por última vez, “Zoriontsuak al zarete mugaz bestaldeko biztanleak?” (¿Sois felices a ese otro lado de la frontera?)

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